Una parcela desnuda y la sombra que no tenía.
El terreno y el encargo
La casa era nueva y la parcela estaba desnuda. No estaba abandonada ni invadida por la maleza: era plana, abierta y pelada por las máquinas hasta los bordes, como queda una obra. No había en ella un solo rincón donde uno quisiera estar entre junio y septiembre.
Este jardín se hizo para resolver ese problema. En una parcela así, la sombra es lo único que no se puede comprar más adelante y poner en su sitio por poco dinero. Todo lo demás —parterres, césped, riego, acolchado— se puede añadir al cabo de un año. Un árbol alto exige una de dos cosas: una década de crecimiento o una grúa.
Era una obra nueva en Sant Antoni de Portmany, y la ajardinamos antes de que la casa saliera al mercado.
Una parcela de obra nueva no tiene suelo en el sentido en que lo entiende un jardinero. La tierra vegetal se retira pronto, las máquinas pasan todo el invierno por encima de lo que queda, y al final lo que hay es subsuelo compactado con cascotes de la obra. Si se planta ahí tal cual, las raíces se topan con un muro.
Así que excavamos cada hoyo de plantación como es debido y lo rellenamos con compost traído en camión. La fotografía de un solo hoyo abierto en el césped —subsuelo rojo en los lados, compost oscuro llenando el centro— resume todo el método en una imagen. Es la diferencia entre una planta que arraiga en su primer año y otra que se queda parada tres.
Cómo lo hicimos
Plantamos ocho palmeras Washingtonia: siete de ellas de más de seis metros, y un ejemplar de tres troncos que salen de una misma base. Llegaron en un camión con grúa, porque a ese tamaño no hay otra forma de moverlas: una palmera de esa altura tiene un cepellón mucho más pequeño que la copa que tiene que sostener.
Por eso los puntales de madera importan más de lo que parece. Una palmera recién plantada todavía no tiene anclaje propio; está de pie en un hoyo, no enraizada en el terreno. Los puntales la mantienen derecha y, sobre todo, la mantienen quieta, para que las raíces nuevas que se forman en la base no se rompan cada vez que se levanta viento. Los retiramos cuando la palmera ya se sostiene sola.
Lo que se retiró y cómo se riega
Solo retiramos una cosa que ya estaba allí antes que nosotros: el tocón de un almendro junto al muro de contención, talado mucho antes de que se construyera la casa. Lo quitamos porque el muro necesitaba más hormigón detrás, no porque estorbara al diseño.
Aquí no quitamos árboles por comodidad. Cuando hay que quitar uno, es por una razón estructural y la explicamos.
En su lugar hicimos un muro verde junto a la piscina, con vigas ancladas en el suelo y jazmín plantado para que trepe por ellas. Da intimidad, perfume y sombra cerca de donde de verdad se sienta la gente.
En el resto de la parcela, la plantación tiene, a propósito, otro carácter. Bajo una ventana en sombra, la tradescantia morada y los helechos forman un parterre fresco, de aspecto húmedo, que en realidad nunca necesita mucha agua. En la grava abierta, la stipa crece entre rocas, en lugar de la piedra desnuda y las malas hierbas que salían en ella.
Había malla antihierbas negra en los parterres. La quitamos.
La malla parece una solución durante unos dos años. Después, el acolchado que tiene encima se descompone justo en el tipo de material fino en el que germinan las malas hierbas, así que crecen sobre la lámina en lugar de debajo, y la lámina impide que la hojarasca y el compost de encima lleguen nunca al suelo de abajo. Mientras tanto, las raíces de todo lo que sí se ha plantado crecen hacia la tela y la atraviesan, de modo que quitarla más tarde obliga a cortarlas.
Tiene su sitio: bajo una zona de aparcamiento de grava, donde no tiene que crecer nada. En un parterre plantado cuesta más quitarla de lo que ahorra.
Mejoramos el riego y lo programamos por zonas como parte de la obra, no como algo añadido después, que es el único momento sensato para hacerlo: las zanjas ya estaban abiertas para todo lo demás.
El acolchado es la otra mitad del mismo trabajo. Grava sobre los parterres secos, astilla de madera alrededor de la plantación más reciente: las dos cosas están ahí para que el agua que entra en la tierra al atardecer siga en la tierra a la tarde siguiente, en vez de evaporarse antes de las diez de la mañana.
- Palmera Washingtonia (Washingtonia) — Ocho en total, plantadas directamente desde el camión en cuanto cada hoyo estaba excavado y listo. Siete de más de seis metros, y un ejemplar de tres troncos que salen de una misma base. Colocadas con grúa y apuntaladas hasta que enraícen.
- Jazmín — Plantado para trepar por el muro de vigas junto a la piscina.
- Lavanda — En los parterres acolchados a lo largo del borde del césped.
- Tradescantia morada (Tradescantia pallida) — Con helechos, en el parterre de sombra bajo una ventana.
- Stipa (pelo de ángel) (Nassella tenuissima) — Con rocas y acolchado de astilla, en lugar de grava desnuda y malas hierbas.
Cómo está ahora
La parcela tiene la sombra que no tenía. El césped entre las palmeras ha cerrado, y la parte del jardín que nadie podía usar en agosto es ahora donde se cuelga la hamaca.