Goteo
El goteo aporta el agua despacio, en la base de la planta, a través de una tubería con goteros fijos. Es lo adecuado para parterres, árboles jóvenes y frutales: allí donde el objetivo es perder la menor cantidad de agua posible por evaporación o escorrentía, y donde las raíces están lo bastante establecidas para aprovechar un aporte lento y constante. Bajo un acolchado (mulch), la misma tubería trabaja más fresca y hay que revisarla con menos frecuencia.
La contrapartida es que queda expuesta. La tubería va sobre la superficie o justo por debajo, así que se corta con las herramientas, se arranca al quitar hierbas o aparece mordida. Los goteros se obstruyen si no se mantiene el filtro. Nada de eso descarta el goteo, pero hay que revisar la tubería con regularidad.
Aspersión rotativa
Los aspersores rotativos lanzan el agua en un arco que gira, en lugar de un chorro fijo, y eso es justo lo que necesita un césped: una cobertura uniforme sobre una superficie abierta. Para un césped de verdad, prácticamente no hay otra opción práctica que la aspersión rotativa.
Los cabezales son el punto débil. Las boquillas se obstruyen, los arcos se desalinean, y un cabezal que pasa una temporada sin revisar riega el camino en lugar del césped, lo que parece un problema de riego y en realidad es un problema de mantenimiento.
La elección que importa más
Ningún sistema arregla un jardín que tira de la fuente equivocada, o que funciona con unas tuberías que nadie ha revisado en años. Una villa con agua de cuba y otra con pozo pueden tener la misma plantación con el mismo material de riego y no parecerse en nada en lo que cuesta mantenerlas, porque el coste lo marca el origen del agua, no el material de riego. De dónde sale su agua se explica en la página de sistemas de riego →
Esa es la pregunta más útil antes de la de goteo o aspersión: ¿cuánto cuesta de verdad el agua antes siquiera de llegar a un gotero, y el sistema por el que pasa sigue funcionando como se instaló?
Cómo fue en Cala Bassa
El caso más claro que hemos visto fue una propiedad en Cala Bassa donde la casa y el jardín tiraban de la misma agua. En verano la gastaba el jardín, y los propietarios podían quedarse sin agua para ducharse.
La solución no fue cambiar de aspersor. Rehicimos el sistema junto con fontaneros para que la casa y el jardín funcionen ahora con circuitos separados, y añadimos depósitos para los meses de verano. En la plantación ya establecida pusimos una capa gruesa de acolchado, así que ahora, incluso en lo más caluroso del año, la mayor parte necesita el goteo muy de vez en cuando o nunca.
Allí ya nadie se queda sin agua. Eso vino de arreglar la fontanería y el suelo, no de elegir un tipo de riego frente a otro.
En la práctica, la mayoría de los jardines necesitan los dos
Es habitual tener césped y parterres en la misma propiedad, y no necesitan el agua de la misma manera. Lo práctico es un sistema híbrido —aspersión rotativa para el césped, goteo para todo lo demás—, cada zona con su propio programa, que revisamos en las mismas visitas que el resto del jardín.
En eso se resumen, en la práctica, las cuatro fuentes de agua: el método de riego adecuado para lo que de verdad crece, en un sistema que revisamos con la frecuencia suficiente para que nadie descubra por la factura del agua que está fallando.