“Resistente a la sequía” no quiere decir que no necesite agua nunca. Quiere decir que la planta sobrevive con lo que le dan la lluvia y algún riego profundo de vez en cuando, una vez que ha tenido una o dos temporadas para echar raíces. Todas las de esta lista necesitan riego regular durante su primer verano. A partir de ahí, la mayoría pide muy poco.
Adelfa (Nerium oleander)
El arbusto que ya conoce de las rotondas y los accesos de toda la isla, y se ha ganado estar en todas partes: florece de primavera a otoño, aguanta el viento de la costa sin inmutarse y hay tantos colores que sirve como seto o como ejemplar aislado. También es tóxica si se ingiere, algo a tener en cuenta si hay cerca animales que pastan o niños pequeños que se lo llevan todo a la boca.
Romero (Rosmarinus officinalis)
El romero crece mejor en el suelo pobre y pedregoso de Ibiza que en una tierra rica: si se abona y se riega con generosidad, se ahíla y vive poco. Dejado a su aire en un talud o sobre un muro, se espesa y sujeta la pendiente. La variedad rastrera queda bien cayendo sobre la piedra; la erguida forma un seto suelto e informal.

Lavanda (Lavandula angustifolia)
Sol pleno y un drenaje muy bueno son innegociables: la lavanda plantada en un rincón húmedo o en arcilla pesada se pudre de raíz en una o dos temporadas. Con las dos cosas, casi no necesita nada más. Pódela a fondo después de la floración; si no, en pocos años se vuelve leñosa y rala por la base.
Lentisco (Pistacia lentiscus)
Un arbusto autóctono de hoja perenne que ya hace este trabajo sin ayuda en el monte de toda la isla. No necesita riego una vez establecido, tolera la sal que trae el viento cerca de la costa y es el arbusto que más a menudo se deja en pie, en lugar de desbrozarlo, cuando en una propiedad se abren franjas cortafuegos: porte bajo y denso, y mucha menos resina que el pino y la aliaga junto a los que crece. No va a ganar ningún premio por sus flores; lo suyo es dar estructura y aguantar.
Olivo (Olea europaea)
Normalmente se cultiva como árbol, pero un olivo joven con una poda fuerte queda como un arbusto compacto de hoja plateada, útil donde un árbol adulto acabaría quedándose sin sitio. De crecimiento lento, de hoja perenne y, cuando ya lleva unos años plantado, una de las leñosas menos exigentes en agua de la isla.
Jara (Cistus)
Crece en el mismo monte que el lentisco y le afectan igual de poco el suelo pobre o la sequía. Florece con fuerza unas semanas en primavera —flores blancas o rosas, como de papel, que caen por la tarde y se renuevan a la mañana siguiente— y el resto del año conserva su follaje verde grisáceo. Vive poco en comparación con el romero o el lentisco: normalmente entre ocho y diez años antes de tener que sustituirla.
Buganvilla
De esta lista, es la que de verdad pide agua y abono para lucir: resiste la sequía en el sentido de que sobrevive a una racha seca sin morir, no en el de que florezca bien sin cuidados. Dele un muro o una pérgola por donde trepar, pódela a fondo una vez al año y a cambio dará color casi todo el verano.

Olivilla (Teucrium fruticans)
Buena opción para un seto bajo donde el boj, con sus líneas nítidas, pediría más agua y más tratamientos de lo razonable en este clima. Hoja gris, pequeñas flores azules a principios de verano; admite un recorte compacto y formal si es lo que se busca o, más suelta, encaja en una plantación mediterránea informal.
Agave y aloe
Más escultóricos que frondosos, y útiles precisamente por eso: un agave solo como punto focal, o aloes agrupados a lo largo de un talud, no necesitan ningún riego una vez enraizados. Los dos son lentos y arquitectónicos, no plantas de relleno rápido, así que funcionan mejor como acentos que como el grueso de una plantación.
Santolina
Una mata gris y aromática que mantiene una forma compacta con un recorte al año y apenas pide nada más que un buen drenaje. Útil como borde bajo a lo largo de un camino o un parterre, donde un seto de lavanda acabaría volviéndose demasiado leñoso y con huecos.
Sabina (Juniperus phoenicea)
Un enebro autóctono presente en todo el monte de la isla, más rastrero que erguido, y una de las plantas que sujetan un talud donde la erosión es un riesgo real. Enraíza en profundidad, no necesita riego una vez establecida y su porte denso hace más por frenar las malas hierbas que cualquier malla antihierbas o acolchado (mulch) por sí solos.
Cómo conseguir que arraiguen
El fallo habitual con los once es el mismo: se riega cada uno como una planta de temporada durante toda su vida, así que nunca echa raíces profundas para buscar agua por sí misma. Riegue con generosidad el primer verano, reduzca en el segundo y hacia el tercer año la mayoría de esta lista debería arreglárselas con la lluvia y algún riego profundo en el tramo más seco de agosto. Plante en otoño o a principios de primavera, no a mitad de verano, para que las raíces crezcan en tierra fresca antes de que llegue el calor.
Cómo encaja la plantación resistente a la sequía en un jardín más amplio —hidrozonificación, acolchado, un riego que se ajusta a lo que de verdad crece— se explica en la página de xerojardinería.
Especies en este artículo
- Adelfa (Nerium oleander)
- Romero (Rosmarinus officinalis)
- Lavanda (Lavandula angustifolia)
- Lentisco (Pistacia lentiscus)
- Olivo (Olea europaea)
- Jara (Cistus)
- Buganvilla
- Olivilla (Teucrium fruticans)
- Agave y aloe
- Santolina
- Sabina (Juniperus phoenicea)